Purple_Rose_CairoEscribo al cabo de la noticia en una redacción donde está prohibido fumar, una falta de humildad muy grande. Pero antes que aquí se prohibió fumar en la ficción, y es cuando reparamos en ese dato que todo se hace más terrorífico: primero se legisló el pensamiento.

En las últimas décadas la presencia del tabaco en el cine se ha ido reduciendo en respuesta a solicitudes de empresas preventivas, presiones de las siempre aberrantes asociaciones de padres y amonestaciones inerciales de la opinión pública que derivaron en el castigo de la propia industria, siempre presta a modificar sus calificaciones por edades -según soplase la moral consuetidunaria- afectando así al rendimiento comercial de las películas. Coartándolas antes de que existan. La maniobra, en la que se aliaban derechas e izquierdas, era sembrar el convencimiento en la masa para implantar la autocensura preventiva en los individuos. Confundir el sentido común con el común de los sentidos. Lo de siempre.

A finales de los 80, durante su famosa visita a San Sebastián, Bette Davis fumaba expansiva y avergonzada de su país, donde según nos contaba se había dejado de ser libre como se era en aquella ciudad tan bella que la acogía. Un par de años después Lucky Luke sustituía su pitillo por una espiga. Lucky Luke es un personaje belga pero no deja de ser un vaquero norteamericano, porque las prohibiciones empiezan siempre en ese país donde terminan las libertades de los demás. En un magnífico ensayo sobre el tabaco contenido en su libro Mata a tus ídolos, otro belga afincado en los Estados Unidos llamado Luc Sante resumía muy bien el espíritu norteamericano: vallar tu terreno, disparar a los intrusos y creer que las prestaciones sociales básicas pertenecen a quienes se las pueden permitir.

La prohibición del tabaco se ha naturalizado en nuestra vida civil, donde sin chistar y de un día para otro pasamos a fumar a la intemperie, siempre en nombre del progreso, de intereses vestidos de intenciones y de especulaciones en torno a una vida sana como si hubiera otra vida posible. Lo del no fumar fue el principio de todo.

Servirse de la ficción como propaganda y hacer de ella campo de pruebas para la tiranía ha sido una de las funciones del cine desde sus inicios, otra más, pero despreciar “el otro lado” como territorio para la resistencia no tiene perdón. Es inmoral seguir aceptando películas libres de humos, legisladas, asépticas y complacientes. Es urgente recuperar un cine en oposición, defensivo, autónomo de la realidad y a poder ser ajeno a nosotros mismos. Que nos moleste y nos haga toser y que no olvide la observación de Buñuel: que el cine puede ser un arma maravillosa y capaz de mucho peligro, siempre y cuando la maneje un espíritu libre. Cof, cof… Bajo a fumar antes de que suene el toque de queda.

Para el Festival Internacional de Cine de Gijón

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