Al CerulloComo cinéfilo aficionado a la intrahistoria, cuando escucho cada mañana los helicópteros de las fuerzas del orden desplazándose sobre la urbe en su pantomima rutinaria de aspersión del miedo no puedo evitar un recuerdo para Al Cerullo, que me lleva a pensar que la vida en la ciudad cada vez se parece más a una película, una de risa o una de terror, tal vez una distopía de ciencia-ficción pocha.

Al Cerullo es como un viejo amigo para quienes acostumbran a chumarse enteros los créditos de las películas y en esa lectura van detectando afinidades, trazando vínculos y explicándose carreras silenciosas como la de nuestro amigo Al. Un porcentaje muy elevado, y nunca mejor dicho, de las escenas aéreas que vemos en pantalla se las debemos a este señor americano que lleva cerca de cuarenta años surcando los cielos para nosotros. Superman, Los Vengadores, Spiderman. Veinticinco mil horas de vuelo, más de trescientas películas, un centenar de series, publicidad, videoclips, documentales. Commando, Los caraconos, Staying Alive, incluso los peinados volátiles de Armas de mujer. Al Cerullo lo sobrevuela todo.

Hace tres noches, en arrebato de insomnio y familiaridad, le escribí para felicitarle por su trayectoria. Hoy a vuelta de correo tenía una invitación para dar un garbeo por encima de Manhattan.

Alzo la vista y saludo a este hombre que nos hace volar, que no ha muerto pero que está en los cielos porque vive por encima de nuestras posibilidades, coleando su pequeño helicóptero tuneado para la ficción.

En CINEMANÍA

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