vic morrowEn el cine, por lo general, las duchas se toman frías. Se suele hacer así porque las calientes tienden a empañar las ópticas y los objetivos, y los objetivos, en el cine, son un asunto capital y de manutención, una cosa a tener muy en cuenta porque el cine es una pantomima, en el cine todo es mentira. ¿Esto lo sabíais? ¿No? ¡Pues yo os lo cuento!

Lo llaman no-ficción y no lo es, no lo es, esto hay que decirlo de entrada. Salvo el helicóptero de Vic Morrow, en el cine es mentira hasta lo documental. El cine documental, de hecho, puede estar siendo el cine más embustero que se conoce, precisamente porque en su afán por blindarse ante la falsación cae en todas las trampas del relato, se sirve de todos y cada uno de los trucos, que cuando son buenos son invisibles pero no dejan de ser trucos, artimañas, jabón lagarto.

Para un cineasta con recursos es muy sencillo pasarte la mano por la cara. Si quieres conmover a tu público, sube los violines. Haz que se asome a un acantilado y verás cómo le sudan las manos. Si quieres ponerlo a salivar, filma planos de un limón. Soy de la opinión, por ejemplo, de que las películas para hacer llorar están hechas por malas personas. El espectador, cuando llora, cree haber sentido, de hecho no le cabe duda, las lágrimas nos certifican que hemos sido tocados en una hondura y la evidencia física de la llantina nos hace olvidar que tal vez ya teníamos el día bobo antes de sentarnos. Del mismo modo que las duchas se toman frías y el fenómeno natural de la lluvia -siempre inesperado en las películas pero muy eficaz como efecto dramático- se recrea enturbiado con leche porque el agua cristalina no da bien en cámara, las lágrimas, en el cine, suelen ser de cocodrilo. Esto lo sabía muy bien Buñuel, que cuando filmaba una escena con potencial lacrimógeno no dejaba de gritar a sus actores: “¡Más mierda, más mierda, más mierda!”.

Es la segunda vez que cito a Buñuel estos días pero no puedo asegurar que vaya a ser la última porque con Buñuel nunca se sabe, siempre nos va a sorprender, que por otra parte es una de las cosas que se les pide a los cineastas, que nos pillen con el paso cambiado, que nos zarandeen un poco, pero es que Buñuel, además, puede salvarte una columna igual que salvó todos aquellos melodramas de encargo que hizo en México, todas aquellas películas de pasiones y tragedias pasadas de rosca pero continentes, en su enajenación, de verdades de barquero, de evidencias que hoy nos hacen concluir, basándonos, por supuesto, en hechos reales, que a nosotros no nos engañan, que la verdad, en una película, puede hallarse en el mayor de los embustes, porque en el cine no sólo es todo mentira sino que a menudo es todo lo contrario.

Para el Festival Internacional de Cine de Gijón

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