apres-mai
Las películas que más me gustan suelen ser las que no sé si me han gustado. Esto ocurre mucho con el cine francés, que como en el drama incorpora de serie desazones juveniles, paseos por la campiña y senos altos de mujer en desarrollo, pues siempre me vence, aunque lo que me esté contando sea un moralismo o un conflicto de polluelo capón.

Olivier Assayas ha hecho ahora una película de persona mayor, nostálgica de un paraíso perdido donde triscan el idealismo, la energía y la pureza adolescente. Ha hecho un réquiem de la lucha pero no sé si ha hecho también una apología de la batalla que ahora necesitamos tanto. Tengo que verla otra vez y mirarla mejor, descifrar si en verdad es cine domesticado, de parisino burgués diplomático con su historial y un poco afligido por la lucidez del tiempo, o si por el contrario se trata de una película dulce y austera de malicias, y por ello tan ordinaria en apariencia.

Después de mayo funciona como comedia cándida pero es también una película muy triste y lo es justo por eso, porque parece estar siendo la comedia que yo diría que no es aunque por momentos haya creído percibirle volutas de cinismo en lo que sí tiene de condescendencia. La película no está mal, trae conflictos y aspiraciones y sobre todo los pechos altos de la mujer suasoria y corriente que es la niña Lola Créton, que tiene unos veinte años como veinte años tengo yo. Veinte años que no me puede quitar nadie porque los llevo blindados con una armadura de veinte años más.

Después de mayo viene muy bien abrochada como película pero más como las abrochan los americanos que los franceses, y por eso no sé si me ha gustado o tal vez soy yo que no sé.

En CINEMANÍA

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