Yoatlante-20

Hay una serie de asuntos importantísimos y contemporáneos que podríamos tratar aquí, asuntos de tal actualidad, de una actualidad tan grande, que podrían mantener vigencia durante eones, no pasar de moda nunca y ser siempre ahora, instante y vanguardia. Pero la actualidad ya fue antes forever, así que mejor hablamos de mí, que viene a ser un poco lo mismo porque como ustedes, ¡también yo soy todos!

De política no, hablar de política estropea mucho. De política sólo hablan dos que no se entienden, porque cuando se hace entre camaradas es que se tiene poco de qué hablar, poco de otras cosas. De la política me interesa sólo el exabrupto, porque la materia en sí me es inabordable y su tratado lleva muy pronto a la prosodia. Las lecturas equivocadas y un afecto pronto por los malditos tienen la culpa de este descreimiento mío en la especie, es así, pero reconozco que me siento muy bien instalado en mi superioridad moral. Joder, me pagan por escribir aquí lo que se me ponga en el coño, me pagan mucho dinero, digo yo que la superioridad moral será esto. ¡Dejadme en paz!

Bueno. Hoy me pregunto: ¿Existe una amnesia drástica del aprendizaje? ¿Puede uno volver a hacer el amor como un adolescente, retomar no ya aquel vigor pero acaso la exploración inquieta? ¿Es posible volver a caerse de la bici por cuestión de audacia, volar impulsados como volábamos entonces y estamparse de puta madre y reír desangrándose? ¿Se escribiría en la amnesia como se escribe ahora mismo, o se daría un retroceso técnico? ¿En qué momento empezamos a comer el huevo por la clara, a guardarnos las mujeres buenas para luego? ¿Dónde empieza el instinto y termina la experiencia? El tiempo corre… He observado que algunos congéneres se tiñen las canas, una candidez más radical que la de aquellos otros que miran de compensar la calvicie dejándose unas patillas. Me parece bien, hombre, es cosa vuestra, pero, ah, la vejez se concentra en la mirada, está sólo allí, perded cuidado.

Llega otra navidad, chavales. Tal vez estáis tristes y abatidos, pero eso es porque tenéis novia o esposa, una mujer que ya habéis gastado (¡¿pero qué dice el puto loco?!). Yo de vosotros iría a la mía. Hacedme caso, vosotros ¡siempre a la mía! Además, si es que sois españoles… Es verdad que a este país le comía yo todo lo esotérico, a mí me gusta, pero es un país que está quebrado, se va dejando ir, este país espantoso. Los españoles somos una raza muy demediada y un absceso en el mapamundi. Duele mucho, este país. Si un día tenéis oportunidad de conocer a alguien que se sienta orgulloso de ser español, dadle con un palo en la nuca para que no sufra. Lo mismo con un catalán. De hecho, ser catalán es todavía más penoso porque se son las dos cosas.

En fin, que no os metáis en líos, cagad siempre duro, hacedme caso que yo pienso bastante aunque luego se me olvida. Seguiré escribiendo en internet aunque esto me resulte como cocinar para muchos: nunca me va a salir tan bueno. Ey, pero Buñuel, que no era español ni catalán porque era de Teruel, que es como ser de la Era Terciaria, se preocupaba cuando una película suya tenía éxito porque sabía que algo había hecho mal.

Atentos, escuchadme este final: ¡que la realidad no pueda nunca con vosotros!

En VICELAND

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