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Ah, Internet, ladrón del tiempo, maldita urraca, ¿eres materia o energía? Tal vez una alimaña que pones a los amigos a tomar el ridículo, ¡que hasta el más tonto hace aquí relojes! Internet no huele pero puede apestar, bordeadlo siempre. Buenos días, Internet, eres niño como yo y nuncio de nada, pero te escribo una vez más para contarte que he estado escuchando a un poeta francés, ayer tarde, en la ciudad, y al tiempo que le entendía el abandono físico he sentido sus palabritas inspiradoras fecundando mi semana. “No podéis amar la verdad y el mundo”, escribe, y añade que la mayoría ha elegido, se ha reconciliado con la vida o ha muerto, y luego vienen unas poesías muy buenas que me han puesto a bailar y he llamado a mi madre para preguntarle si le habría gustado que sus hijos bailásemos, que supiéramos bailar más allá de hacer el imbécil con el cuerpo praxitélico. ¿Qué te habría gustado más que fuera, mamá, dancing queen o trampantojo? Lo estoy rumiando, son opciones para un hombre, cada una con su drama. El baile trae consigo una sospecha de homosexualidad, condición que sacude muchos males aunque ha de tener los suyos. Si somos realistas, si nos rendimos a la pena de ser realistas, bailar es poco más que fluctuar en un radio equis de tiempo, desplazarse en la magnitud unos instantes, a lo sumo un cuarto de hora de viaje al futuro y vuelta a empezar. Bailar tiene de simpático que es pura violencia, una involución a la ausencia del verbo, y que si perseveras te desliza hacia la vejez por la vía del desgobierno, aunque es todo ilusorio porque luego se comprueba, te guste o no, que tienes que tomar aire.

Tomad, tomad un punto y aparte. Sólo para recordaros algo que se dice en una peli de Bellocchio, y es que el miedo a ejercer la violencia es un miedo burgués:

“Os indignáis por la violencia de la policía como si fuera ilógica, innatural o irracional, cuando es una violencia necesaria. Es la del sistema que nos defiende. Contra esa violencia de los patrones os obstináis en defender una legalidad que es la de ellos, por sí misma violenta. Nosotros decimos con Brecht: ‘Sólo la violencia puede donde la violencia reina’. La violencia no es un principio, no nos interesa. Es sólo que si nos ponéis obstáculos, los superaremos. Si es necesaria la violencia, haremos uso.”

Pero bueno, ya lo iréis viendo. Ahora cada uno a sus cabritas.

En VICELAND

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