¿Qué pensáis vosotros, queridos nativos digitales, coetáneos míos, de un país donde se baja a desayunar? ¿Qué se puede esperar de un país que baja y se pide un bocadillo y con la boca llena pasa a comentar el parte? Yo pienso que todos los periodistas sois cómplices. Todos, de todo. De esta deriva colectiva, de la idiocia hacia la asepsia por la vía de la inopia, sois cómplices. Lo sois en base a vuestro interés administrativo, vuestro anclaje a la realidad y su mentira, y, así en general, vuestra poca gracia al caminar. He estado leyendo vuestros trabajos, esta mañana, y creo que sois, como todos los hombres, personas ambiciosas, frágiles y preocupadas. Y, bueno, un poco miserables, ¿no? Sí, también. Sois, todos menos uno, diminutos como un abogado o un economista (que es lo mismo que un unicornio poni), y en cualquiera de los supuestos, sois y seréis cómplices de estos dos mil años de farsa. Y ahora decís que viene malo, un frente frío. Bueno.

Los artistas verdaderos, sin embargo, corretean alegres estos tiempos convulsos, que resultan plenos y divertidos para quien siempre ha trabajado contra la realidad. Por fin pueden soltar riendas, los artistas verdaderos, y triscar en un mundo que ya no se atreve a negar su condición de fracaso, que incluso otorga, alojando en él a directores de marketing, community huevos y mucha guasa. ¿Estáis viviendo en consonancia a la fantástica propuesta social o vais a la vuestra, con dignidad? Los artistas verdaderos, los que han rechazado siempre el contrato porque son soles castellanos, desean con furia que los recortes culturales sean todos y definitivos. Los que saben que el arte no es más -ni menos- que magia, que los problemas de dinero no son problemas nunca para el arte, que un niño no puede ser un delincuente aunque incendie a su madre y que o se mea contra el viento o se mea uno en la cama, esos, ahora, trotan alborozados y disfrutan esta ilusión colectiva e insistente, estúpida, de pronto aceptada, de que todo se desmorona, aunque sepan que en verdad todo está marchando como ha marchado siempre, hacia atrás y naturalmente.

Estoy de vuelta, otro mes, para escribir aquí mi yo inmediato y recordarme, en esta revista moderna, que me queda grande el entendimiento que se está haciendo del mundo, su explicarse a sí mismo y a los demás, el cómo se va modulando la cosa a partir, primero, de la devaluación de las palabras, y después ya se va viendo. El hombre de hoy no aspira al crimen o a la exuberancia sino a un funcionariado. Creo, es una impresión, dejadme decir, que sois groseros y poco francos. Todos, ¿eh?, todos sin excepción. Menos uno, bueno. Creo, ¿eh?, ¡creo! Es una opinión, no es más que una opinión. ¡Es mi opinión!

¿Vosotros también sois artistas? ¿Os sentís diferentes? No es fácil, se llora de noche, pero no os preocupéis: no lo sois. Y dad gracias, pequeños ciclanes, porque al fin y al cabo estamos aquí, próximos a la idea de civilización, mientras hay gente, como podéis comprobar en los documentales, que vive en Cádiz o en Extremadura, en el frío paleolítico, y no se queja. Porque allí comprenden las estaciones, han hecho acopio de enseres, van manejándose, tienen una chimenea, han puesto sopa a calentar. A ver, los de Badajoz, qué pasa, ¿que os gustaría ser belgas o qué? No, hombre, no. Y Barcelona es peor, ya os lo digo, abandonad esa aspiración. En Barcelona, al entrar a los sitios, no te sonríen. Te saludan como un percibirte y poco más, valorando la amenaza o la molestia de otra bestia en el corral; que te sonrían no es lo más frecuente, no, a no ser que te entiendan como presa. Barcelona, lo que hace, es sepultarte en su necedad y en sus bocinazos. ¿Qué le ocurre a toda esta gente, a dónde van, qué hacen? Necesitamos ayuda.

Venga, los de Badajoz, hacedme un dibujo, tema libre; y para lo que sea, levantad la mano. Al resto, ¿qué os voy a contar, si lo sabéis todo?, si estáis muy al corriente, ¡si pilotáis internet! Internet lo están quitando ya, para hacer el parking, están desmantelándolo y llevándose el cobre, pero de momento todavía tiene unas putas que paga Telefónica. Funciona, funciona, tenemos un margen, así que ahí os dejo. Seguid ovulando, hacedlo siempre con aires cinematográficos, y recordad que aquí nadie, nunca, va a estar autorizado para nada. Yo pienso negarlo todo.

En VICELAND

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