España no existe ni ha existido jamás. España no es más que agua y aceite y un palo de remover sucio de pelos y sangre.

España es lo que fue siempre España, nada, un fascio muy pequeño donde habitan españoles que ahora se han creído la monserga de la crisis, porque los españoles muy inteligentes no han sido nunca, pero ahora tienen cuatro carreras cada uno y se permiten interpretar los acontecimientos y pretenden cohesionar España en un frente común de reconstrucción, ¡hacia una sociedad mejorada!

El sistema ha colapsado, informan, ya no funciona, dicen mientras se demuestra lo contrario: que el sistema ha triunfado y nos ha persuadido de que basta con agitar las manos, que así podremos regenerar a saber qué intereses, un patrimonio, y tal vez deshacernos de esa tropa política que hoy pretende que nos gobierna sin filosofía, humanismos ni modales, perros sarnosos y españoles a los que creéis elegir, y que al fin y al cabo no son tan diferentes a nosotros. En su momento fue una actuación reactiva, hoy no es más que una efeméride, todo este asunto de la “revolución” y el alimentar la euforia pero dentro de un orden, con un cartelito, con una sartén, descalificando propuestas de sangre y fuego con la condescendencia de ese tener estudios tan español, tan de señorito español, porque la civilización ha de ser un lugar libre de violencia o no sería civilización, asume el señorito, y desde ahí se hace la teoría, desde esa ignorancia. En España hace tiempo que se quemaron los libros y no los quemó la autoridad, ojo, que los quemamos nosotros, los quemamos en las universidades, de hecho, sin leerlos, porque se estaba mejor al sol, con un birrete. ¡¿Para qué ibamos a querer libros teniendo cuatro carreras?! Los libros, lo único que explicaron siempre, es lo bajitos y calvos que somos, todos los libros, para eso servían, y eso no nos ha interesado saberlo nunca, a los españoles. Y ahora lo que queremos es nuestra inopia de vuelta, el confort, un conjunto no de derechos sino de bienes, y es por eso que nos alineamos en la candidez de quien no conoce al hombre, en la idea de mejorarlo, y tejemos redes virtuales cuyo logro está siendo un extraño manierismo conductual, el segregar más las parroquias según gustos e intereses y el fijar blancos claros para que todo siga como estaba, acaso un poco más estúpido. Un GG Allin en el Facebook os metía yo a cada uno.

En la otra parte, antes de las luces, están esos pájaros siniestros que enarbolan banderas, con esas novias suyas que lo mismo se cuelgan unos pendientes de nácar que se pintan de magenta las uñas de los pies, según clases, y se echan banderas por chales todas ellas, y se van al fútbol o a la feria. Estáis por morir de pena si por mí fuera, esa otra España, sola como la una. Sea una española, estelada o deportiva, la bandera, os lo digo, estáis por morir, porque esa ideación vuestra de pertenencia sólo habla de vuestro cretinismo y de vuestra sandez, que parecéis yanquis, con la banderita, retrasados como los yanquis de la banderita, parecéis, aunque seáis españoles. Siempre esperando al viernes que viene, los españoles, con la banderita, fumando en la puerta porque dentro es nocivo para los otros españoles.

Saberse español es recibir un papirotazo en los huevos nada más levantarse por las mañanas, una advertencia, un malestar, un recuerdo y dos condiciones, la de moro y la de gitano, que es lo que somos aquí del primero al último. Ser español sería vergonzoso si no fuera porque español no se puede ser, no es nada, serlo, porque España no existe ni ha existido nunca. España es una almazuela de provincias, un surtido de campos y playas, cada uno a la suya, que acaban por no ser ni España, porque España, lo que es, es un rescoldo y un poco de pan y una catástrofe. Un pasillo francés, hombre, es España, y no es más.

Estoy por abrirme otra cuenta en Twitter para poder cerrarla pero antes gritar a la nada que ha empezado a hacer calor, que tengo la fiebre del heno, que soy apátrida de nacimiento y que lo importantísimo es que las chicas ya llevan las tetas alegres, en esta temporada española, y que aquí se folla por lo civil, en este pueblo de frescas, en este lugar de hombres mezquinos y despectivos como lo soy yo ahora con esta España que me extravía la paciencia y la poesía y me pone antiguo. País de mierda del que ya me sé los misterios, que te pareces al resto, a los otros y a los demás.

Y lo más doloroso es que me basta pensarme, para escribir de España, y que sé que yo también me apuñalaría la espalda si llegase a dármela.

En VICELAND

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