El horror que formamos seis mil millones de egos no puede abordarse más que desde la paranoia, y así se hace en este libro que recorre y desmiente las ilusiones de realidad que nos tienen sumidos en este “estado de fe” y control sistemático. En su deconstrucción de las pautas para nuestra estandarización y nuestro deterioro mental, y a través de artículos que abordan eventos como el 11-S o el 11-M a partir de la cábala (¡olé sus güevos!), Rubio y Freire dejan en evidencia a ese ciudadano que se pronuncia escéptico, escucha la SER, lee el periódico que más y mejor le corrobora, y se constituye “informado” en su deglución de tres informativos diarios. El libro, salpicado de erudición esotérica y mandanga conspiranoica, es demagógico y, sin conciencia, frisa el terreno de la ficción documental, subgénero divertidísimo y jubiloso que se permite disponer obviedades como que la Iglesia Católica es la mayor organización criminal conocida, o que el mirar televisión, además de hacer inoperante la capacidad imaginativa, desactiva del todo el sistema nervioso central y resulta la única actividad humana indomable, ya que hasta en la cópula desenfrenada se alcanza un punto de colapso, pero nunca zapeando. Yo creo que estas cosas hay que decirlas más. El blanco de los autores es todo lo que abunda en el “totalitarismo pluralista”: el auge de las disciplinas orientalistas, que mestizadas con el marketing inciden en su labor de conseguir conductas adaptativas, el ridículo de las manifestaciones contra el terrorismo, que ya entran de lleno en nuestras tradiciones y festejos populares, la mierda de internet y las repugnantes redes sociales, las vergonzosas maniobras de ese anticristo que es Obama, y el materialismo y la sumisión a la ciencia y a la tecnología que (es que es acojonante) llamamos libertad. Esta tiranía ideal desde el momento en que es autoimpuesta, este funcionamiento en que somos esclavos de nosotros mismos y en el sometimiento nos pretendemos felices, en que ya no hay prisiones porque ya hemos hecho de todo prisión, no ha de mermar el derecho a la resistencia y la agresión de cuatro gatos volterianos que todavía nos preguntamos cómo hemos podido llegar a esto: “35 siglos de historia para acabar trabajando once horas diarias con el único objetivo de consumir y pagar una casa”. Estos Protocolos para el Apocalipsis son una bienvenida a la Era Tecnotrónica y un “Necesitamos una buena guerra”, mientras Eurasia avanza con el cuchillo entre los dientes y los cretinos occidentales clamamos que estoloarreglamosentretodos. ¡Mis cojones sostenibles!

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