Un ultrashow, como su prefijo indica, vendría a ser un espectáculo que atraviesa el espectáculo. También una puesta en escena fuera de campo, el dorso del diorama, el maderamen, algo de eso. Los ultrashows son un asunto humorístico que juega a tensar el sedal del humor hasta el punto de –si encarta- negarle al humor su pan y su sal. Meterle un palo caliente por el culo al humor. Lo que haga falta. O estamos o no estamos. Los ultrashows son un ataque frontal, que es lo que debería ser siempre el humor, y su artífice (su artificiero, mejor) es Miguel Noguera, hombre aspersor, congelador de hipótesis, un señor que sale al escenario y espolvorea ocurrencias, reflexiones en el filo, astracanadas audaces, cientifismos sin calibrar e ideas arbitrarias que a menudo cristalizan en un chiste desabrido y otras veces habrán de germinar en el receptor para allí en su cabecita ir haciéndole meandros, chiribitas intelectuales y del absurdo. Noguera lleva un tiempo jugando ese espectáculo de formato mínimo en internet, en pequeñas salas y en paraninfos, y ahora, en comandita con el dibujante Jonathan Millán, ha vertido ese ir y venir suyo al atril de las ideas en 1-Hervir un oso, uno de esos libros bombonera, de ir golosineando cápsulas de ambrosía, más o menos delicadas, que nos estallarán bajo la lengua aunque no sepamos con exactitud qué carajo es la ambrosía, qué demonios comían los dioses. Millán, notable desde la proteica portada, suple gráficamente el arma clave de Noguera en directo: su presencia gestual y su poderío escénico. Con un estilo de dibujo riguroso y sin engreimientos traza un diagrama común y aporta los énfasis y los hincapiés que requiere cada pieza (50 componen el libro), y la palabra ambrosía, la palabra misma, la idea de la palabra, nos estallará bajo la lengua, muy fuerte, et voilà: todas esas glándulas en reacción. Hay que dejarse. Está cojonudo.


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