El traje para torear, llamado de luces por su abundancia en color, bordados, alamares y lentejuelas,  es uno de los elementos clave del rito taurino. El que hoy visten los matadores es una variación sobre la indumentaria utilizada por los majos de finales del siglo XVIII, gente chulesca y castiza de gusto extremado en el vestir y en el vivir. La indumentaria se compone de medias, zapatillas, taleguilla, faja, camisa, chaleco, chaquetilla, pañoleta o corbatín. Y montera, claro. Al toro se lo burla con un capote, que acostumbra a ser rosa por fuera y amarillo en el envés, y se torea a muerte con la muleta, un lienzo rojo de vuelo reducido.

La confección de un traje de luces es de una laboriosidad mayúscula. En España habrá apenas media docena de sastres especializados y en su mayor parte se han formado en la Sastrería Fermín, que es un poco la universidad del oficio. Al frente del negocio, en el centro mismo de Madrid, está el maestro Antonio López, un veterano que dice haber mamado directamente de las fuentes.

Una sastrería en la que se pueda fumar me parece algo insólito, hoy que ya no se fuma ni en los bares.
Aquí se fuma, claro, aquí, quien quiere fumar, fuma. ¿Pero no has visto a Morante, que lleva a gala fumar farias?

Que digo que los toreros se vestirán por los pies, como los hombres.
Hombre, claro, por supuesto. Ya me dirás cómo te pones una taleguilla (el calzón) por la cabeza, si en el fondo es una bata.

Y se visten con mimo, como se visten las novias en su día.
Claro. Vestir a un hombre de torero puede ser relativamente fácil pero lleva su tiempo y va desgranando un vocabulario específico. Sentirse “bien apretado”, por ejemplo, hay que sentirse muy ajustado, cuando te vas vistiendo. Hay detalles muy hermosos en la operación, como atar los machos, que son esas borlas que cuelgan de la taleguilla o de las hombreras y que el público le arrancará al matador si este sale a hombros. Se atan ayudándose con saliva o mojándose los dedos en agua. Todo eso es la trastienda, que sólo puedes ver si tienes amistad con algún torero y le vas a vestir a la habitación de su hotel. Se trata de un ritual sagrado y muy serio. El torero siempre se viste delante de un espejo y ahí ya empieza a crecerse, va dándose ánimos. Los mismos que luego le faltarán en la arena, cuando se ponga delante del toro. Vistiéndose hace todo el acopio que puede.

Sin embargo el traje de luces tiene algo de femenino.
Todo. Todo en él es femenino. Por eso se llama vestido antes que traje. Antes no había escuelas de toreros, el torero se hacía en el campo, ya fuera el hijo de un mayoral o un mozo de una de aquellas fincas inmensas que antes había. Los chicos toreaban allí con catorce o quince años, con medio cuerpo desnudo y bronceado. Los hacendados estaban por ahí ganando dinero en sus negocios, porque las haciendas nunca han dado dinero, pero sus mujeres se quedaban en la hacienda. Y, claro, esas mujeres le echaban un novillo a los muchachos, para mirarlos funcionar.

(la entrevista completa, con fotos de Luís Díaz, AQUÍ)

En VICE vol.4 num.3 Especial MODA

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