No había escuchado a Eels hasta hoy, o puede que lo hubiera hecho, a lo largo de los noventa, y no lo recuerde porque los noventa los mantengo a raya. Una de las canciones más populares de Eels parece ser “Novocaine for the Soul”, que en su letra dice cosas como “Life is White / And I am Black”. Bueno. Están bien, son gratos; cosas así, musicadas con pertinencia (el pop es lo que tiene), funcionan como un tiro, aunque tanto parabién nacido de la adversidad, esta música sin enigmas, me inquieta. Bueno. Mark Oliver Everett (1963), también conocido como míster E, es un señor con barba y líder de Eels. También es hijo del doctor Hugh Everett III, autor de la teoría de los universos paralelos, dato que puede indicar una disolución de partida, una pista para el extravío existencial. Causalidades. En su primer libro, Mr. E se narra a sí mismo como persona humana y se desentraña como artista trasegando pesares y dolores de una canción a otra. Está bien. Relativiza a fuerza de encajar hostias (se le muere todo, al tío, se le muere todo alrededor) pero no es un llorón ni un cínico, aviva el humor todo el tiempo, se esmera en el bálsamo y el término medio que logra nos rinde a su película sin ostentar siquiera lo estoico. Y es que un auténtico libro de autoayuda pasa por serlo primero para su autor; lo demás son sermones. Está muy bien, en definitiva, aunque lleva un prólogo inadecuado de Rodrigo Fresán que, más que pórtico, es un saqueo y un ditirambo. Cosas que los nietos deberían saber es un título destacable en la literatura sobre música o al menos como “libro de músico”, y resulta un gusto entre la generalidad, un tenue y bien acuñado placer.

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