Aunque mi historieta favorita suya es “A Gurl”, una obra menuda y remota, ahora no cabe mostrarse perplejo. Crumb es consecuente con su trayectoria cuando decide trasladar al pie de la letra el primer libro del Pentateuco. Cuando, sobreponiéndose al embustero Technicolor del cine bíblico, se sirve de las sagradas escrituras como manantial para hacer el mundo. Lo construye todo, lo dibuja TODO y pretende así la cumbre de su sensualidad como autor, como dibujante. Su interés por el eterno femenino se desplaza a imágenes conmovedoras (Dios conciliando los sexos) y acata la “psicodelia” del material de base, una narración definitivamente rocambolesca que, siquiera por permanencia, habla de los hombres con la autoridad de toda mitología. Crumb se limita a gozar magnificando la “palabra del hombre”, lo que ha hecho siempre, mientras acaso le averigua una nueva dimensión. Interpretarla parecería un riesgo pero es algo inherente a la apropiación, porque el dibujo es lenguaje. Que el cielo le juzgue.

En ROCKDELUX

Anuncios