Después de la operación Largo Winch (que aunque les ha salido muy menor va para saga), los franceses ultiman ahora la traslación al cine de uno de sus más notables personajes de historieta: Adèle Blanc-Sec, una investigadora años diez, de las de pabellón de ciencias naturales, científicos de distrito, confabulación subterránea y peripecia de tejados. Pastiche de qualité y en buenas manos. Porque Luc Besson es un jefe.

Hagamos memoria: El último combate. Nikita. Aquella otra del tío que mataba a través de su aparato de televisión. Venganza, la de Liam Nesson. Los ríos de color púrpura II, qué gran película; ¿salían cartujos con ballestas o lo he soñado? Besson, que ha conseguido un mestizaje cinematográfico de matrícula, es el portaestandarte del folletín, ese género dramático y francés que viene a ser el escapismo mismo, serie B pura y dura, la gran evasión. Leon el profesional, qué me dicen. O El gran azul, una historia existencialista (porque la serie B puede contener cualquier filosofía, que nadie lo dude) que en su versión norteamericana perdió el score de Eric Serra y tomó uno de Bill Conti para convertirse, merced también a un final ilegítimo y bujarrón, en Mi amigo Flipy o una cosa semejante, de locos. Hay que ver. (El final original, donde se respeta el autismo del personaje y su incapacidad, se cede al abismo y de verdad se lloriquea de emoción y de gratitud por tanto respeto, está aquí.)

Años después, ejerciendo de productor, Besson le impondría a su director el final de Alta tensión, y a día de hoy, cuando se le pregunta, Alexandre Aja dice no entender aquella decisión y la reprueba sin advertir que aquel final aberrante fue el broche de lujo a la grandeza de su película, toda ella deliciosa pasta de inverosimilitud. Aja no sabe admitir que Alta tensión habría sido una minucia sin ese giro final que ni De Palma, y ahí le tienen, hoy, jugando con los yanquis, de ganapán.

En los tebeos maravillosos de Tardi, Adèle Blanc-Sec es de un sexy pertinente y justo, un poco requeridor, de tener que fijarse, así que Besson, que es, como decíamos, uno de los franceses más listos no sólo de Francia sino del mundo, le ha dado el papel a la chica del tiempo de Canal +. Nada es porque sí. Besson sabe.

En CINEMANÍA #172

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