El videoarte, el blanco y negro, lo que no es sexo, en fin, no es una opción sexual. Se lo cantaba Astrud, en 2004, al chico del s. XXI, pero la advertencia cayó en saco roto y el varón joven de hoy sigue confuso. Tontín. Mediado el milenio llegaría Pascal Brutal para paliar el problema.

Pascal nació en las páginas de Fluide Glacial y habita la Francia ultraliberal y darwinista de pasado mañana. Viste un nomeolvides de plata con su nombre y calza Adidas Torsion 1992. Se figura el hombre más viril del mundo conocido (así lo prueban sus deslices homosexuales) porque aunque, como nosotros, es hijo de todas las neurosis del capitalismo, conserva el trapío y la herencia del macho mediterráneo, condición que hoy hemos decidido risible aunque a menudo encarne la sensatez que se perdió cuando una generación equis diluyó su sangre en horchata.

Sabiendo la comedia uno de los más finos azogues para el reflejo social, Riad Sattouf (París, 1978) pone el acento en la perspicacia antropológica (quid también de su serie La vida secreta de los jóvenes), equilibra dardo y sátira, y no se anda explorando el medio sino que se sirve de él con donaire, puterío e intuición. Y se da una cualidad inefable en su tratamiento del humor, un elemento de difícil localización pero saltón e irresistible en la lectura, con el que aventaja a cualquier otro autor de su palo surgido esta década. Algo que hace que Pascal Brutal mole mil.

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