PussyPortrait_Cover_300dpiPor lo que fuera, un día, cuando el rostro nos lo teníamos muy visto y muy manido, el iris, la huella dactilar e incluso los patrones fónicos se decidieron como rasgos biométricos que iban a servir a los hombres modernos para identificarnos individualmente y sin género de duda, lo mismo como prueba delictiva que de potestad. Luego llegaría el ADN y ya nada volvería a ser lo que era. Pero, veamos, que una picha igual no, pero un chocho habría hecho el mismo servicio.

Pussy Portraits es el primer libro de la fotógrafa Frannie Adams y en él presenta cerca de noventa imágenes con las que viene a decirnos que un coño nunca es extrarradio. Para ello casa primeros planos de señoras y señoritas con planos detalle de su genitalia, la suya propia de cada una, al aire y en reposo. Con sus crestas, sus especificidades dérmicas, sus grados de pigmentación, su pilosidad y lo que se conoce que hay que tener. Adams se esfuerza en denotar la convergencia, en disponer bien a la vista las equivalencias cromáticas, de gravedad y de configuración que remarcan una coincidencia labial o un temple concreto, que acaban por asociar una mirada a un aleteo, un trazo nasal a un surco vestibular o un “rasgo de carácter” a un corte de cara. Y así va evidenciando que el rostro y el sexo son cosas distintas pero ambas representativas y las dos susceptibles de psicología. Más o menos. Lo cierto es que con estos temas se lía uno un poco porque, para los hombres al menos, la configuración de un coño, lugar, a la vez, para la batalla y el descanso, supone algo próximo a lo informe que, en su capricho estructural, requiere un esfuerzo de memorización exagerado. La variedad morfológica, sumada a su extraña función natural, al anhelo y a la tiranía del “culo veo, culo quiero”, los emparenta a cautivadoras entidades abisales que nos obnubilan, nos obnubilan y no nos dejan ver el bosque. Y es que un coño, por mucho que se frecuente, no deja de ser esquivo. (Ya no sé qué coño estoy diciendo.)

Pasamos las páginas de este Pussy Portraits, cuyo buen gramaje no requiere que nos humedezcamos nunca las yemas, y vamos transitando coños que más bien parecen accidentes geológicos, arreglos florales o un displacer, también coños utilitarios y con buen fondo, coños convexos, coños estultos y coños, en fin, en continua correspondencia facial, que es a lo que íbamos. Retratos simétricos cuya contemplación resulta una experiencia intimidatoria y -hasta cierto punto y pese a la higiene- repugnante; imágenes que claman su autonomía y que demuestran que, por mucho que nos intrigue o atraiga un rostro, será su vagina quien determine. Una cosa rarísima.

Desde el dogma sabemos que coño no hay más que uno, lo hemos sabido siempre, sin embargo, este libro conforma una desiderata maravillosa y un auténtico almanaque de la vida. ¡Rumba!

Pussy Portraits

En KISS COMIX

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