costamenabar

El jefe de todo esto está en viaje de negocios, así que hoy puedo agravar mi despecho de siempre y expresar sin comprometerle que la Coixet y el Roures me están dando una tabarra del quince. ¡¿A qué tantas alforjas si no hay sustancia?!

Siempre me he preguntado por qué se promueve con tanta insistencia el cine “español” por el mero hecho de ser tal. Por qué no se aboga, sin más, por un cine de interés, proteínico y del amor, venga de donde venga, y se deja de adoctrinar al lector de dominical en términos fenoménicos y de santoral que nada tienen que ver con el arte; más cuando el personal, en este país, es tan dado a diluirse y hasta a salir a darle a una cacerola sin saber muy bien por qué. En Málaga tiene una calle Antonio Banderas (de acuerdo: la pagó él) y aquí el ayuntamiento le produce a Woody Allen el mayor chorongo que haya hecho jamás el judío, como quien especula con bienes inmuebles. Malditos lobbies. Y, eh, ¡Ágora está a la vuelta de la esquina!

En el álbum de cómic Mis problemas con Amenábar, Jordi Costa y Darío Adanti hablan de “la forja, consagración y propagación vírica de un modelo cinematográfico basado en el simulacro de talento”. No podría decirse mejor. El cine de Amenábar no peca siquiera de lo que Alberto Lattuada llamó “la fácil tentación de la imagen que se contempla a sí misma” porque el cine de Amenábar no da ni para eso, es bobo, no existe, no es; pero qué paliza, qué horror, la que está cayendo y la que nos espera. En el prólogo al libro, Costa se ampara en el derecho a la sátira y luego llega a referirse al panoli como “el mal absoluto”. Porque Amenábar, que en sí no es más que un emperador en pelota, es sin embargo la punta de un iceberg mucho más peligroso. Un espejismo colectivo que prima lo gaseoso y el mantenimiento del statu quo por encima de cualquier mérito, riesgo o revolución. Recordemos que aquí se nos murió un dictador de viejo, y el regicidio lo podemos esperar sentados. Va a ser pues que tenemos lo que nos merecemos. O qué.

El tebeo, eso sí, es una risa. De algo ha servido que Amenábar exista.

En CINEMANÍA

Anuncios