heatPara mí todavía cursa el agosto. Estamos a mediados y hago escribir esta columna al dictado (como si fuera un columnista influyente y un tanto bisexual) mientras me visto para salir a ver la nueva de Michael Mann, Enemigos públicos, que puede que esté bien o puede que no, como ocurre siempre con Mann. La anterior suya, Miami Vice, no era mala película pero sí muy anodina y una pena. Collateral también era disfrutable, pero se le veía lo maniobrero, no era grande. El dilema sí era buena, si mal no recuerdo, pero recuerdo más bien poco.

Con Mann se trata de asumir sus debilidades estéticas y entenderlas como estilo y discurso, como hace él mismo consigo, pero a veces es mucho asumir. Mann tiene mano para los thrillers chill out, crepusculares en lo figurativo, tecnocráticos, lujuriosos en su diseño sónico, de actitud arquitectónica y todo eso que se dice siempre, que ya sabemos de él, pero no tiene sentido del humor. Ese es su problema. Puedo entenderle, y también sé que ahí está parte de su valía, en lo de “hacerse el mayor”. (Hace un tiempo Everet Burrell, técnico de efectos especiales, contaba en entrevista con El País un chiste recurrente en Hollywood: “Entras en una habitación donde están Michael Mann, Michael Bay y James Cameron. Tienes una pistola con dos balas. ¿A quién disparas? A Michael Mann. Dos veces. Para asegurarte de que está muerto”.)

Heat, especie de remake de Grupo salvaje, no ha dejado de ser su mejor película y como tal parece dispuesta a permanecer, quizás porque nació como piloto para una serie de televisión y eso implicaba que los personajes tuvieran su biblia. Allí, además, ofrecía lo que se espera siempre de él, que eche los restos en el delineado de la acción y que nos la vista un poco de tragedia, que para eso somos espectadores del siglo XXI, ávidos de violencia afrodisíaca pero necesitados de coartada.

Termino la columna y salgo de casa con ganas, sabiendo que Mann no es garante de nada pero reincidiendo en él cachondo perdido, rememorando la experiencia de Heat como se recuerda un polvazo eventual e idealizado en el tiempo. Veremos.

En CINEMANÍA

Anuncios