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En El otro Hollywood, libro recién editado por EsPop que ustedes todos deberían adquirir sin pensarlo, la recién finada Marilyn Chambers confesaba que lo que siempre había deseado era ser Ann-Margret.

Marilyn Chambers nunca tuvo suerte en el cine convencional aunque en 1977 llegó a protagonizar Rabia, hoy un clásico que entonces la presentó monísima y adecuada en su papel de damnificado y monstruo sufriente. El porqué no se la coronó siquiera como scream queen después de aquello tiene algo que ver con la sofisticación de David Cronenberg, cuyo talento enorme venció siempre los géneros, pero sobre todo responde a que para entonces ya nos habíamos zurrado la sardina a la salud de la chica en Tras la puerta verde, y a la scream queen, es bien sabido, se le requieren dotes de novicia. Así de pedorro es el hombre varón. Tampoco habría cambiado nada, porque el de reina del grito es un título evanescente y por cada Jamie Lee Curtis hay mil muchachas que nunca fueron más allá, pero sonaba mejor que el porno, negocio en el que Marilyn encajó al ponerse de moda el panfilismo de Cybill Sheperd, el look vecinal y corriente, de presa fácil.

Buscar modelos es una delación de debilidad en que jamás incurren las hembras ambiciosas, que antes que pensarse otra mujer, la neutralizan. Marilyn se fijó en Ann-Margret sin saber que Ann-Margret ni siquiera era pelirroja, que era de bote. Y en esa aspiración fue tirando, sin prever que lo de desearse otra se acentúa entre actrices porno, que se saben deseadas de manera eventual por todo lo contrario, cuando creemos advertir que por un instante anulan al resto de hembras del mundo, cuando sus interpretaciones parecen aunar toda la voracidad del imperio femenino, aunque no es más que un delirio erótico nuestro, un deseo que raramente cristaliza en platonismo, correspondencia amorosa o acoso.

Escuchando la cara B de su single Benihana, que se titula So I Cried a Little Bit, pienso que Marilyn siempre me pareció una muchacha infeliz y que quizás por eso la quise bastante a mi manera, de un modo piadoso, que es como se quiere a las actrices porno mientras se la mete otro. D.E.P.

En CINEMANÍA

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