Lamenta John Milius que hoy la gente no viva la vida y sólo vea películas, y que por eso haga películas que tratan de películas, donde todas las experiencias se toman prestadas del cine. “Antes se esperaba que los artistas explorasen territorios que nadie antes había pisado. Ahora es todo lo contrario: cuanto más lo afines, cuanto más sepas satisfacer a un público manipulable, mejor.” Dentro de esa tendencia hay excepciones que alcanzan sus valores en la relectura, en la reinterpretación exacerbada y enriquecida, como es el caso de Tarantino con los subgéneros o de Lynch con el cine negro, pero, en su esencia, comparto absolutamente la preocupación de Milius, que ni siquiera se refiere a lo posmoderno y que va más allá de lo artístico. Milius lo que cuestiona es la tarea de los artistas como presuntos benefactores de la humanidad y la pérdida en su obra de valores como “el honor, la honradez, la lealtad o la firmeza”, cualidades que –dicen- hacen al hombre tal.

Los artistas han pretendido molar toda la vida, en parte uno se hace artista por eso, para molar, pero pongamos los puntos sobre las íes: el artista obstinado en ser cool, el artista que se quiere, como diría el poeta, sublime sin interrupción, ese artista, y esto es así, suele ser más tonto que andar para atrás. Y su arte tan inocuo como… como el cine de Claire Denis. Por ejemplo.

Milius, él lo asume, es un anacronismo viviente. Desde esa condición no es fácil ser cool. Pero sus palabras me hacen preguntarme ahora si hoy el cine está haciendo algo por nosotros, además de actuar como terapia y, con menos frecuencia, muy de vez en cuando, como elevación estética. Dadas las circunstancias, y con el agravante de que empieza el buen tiempo, no está de más decidir que el cine murió hace mucho como ya hiciera la literatura de ficción, la novela, y como murió Dios. Y quizás sea la hora de bajar al bar y romper cuatro sillas, levantarle la novia a un colega, arreglarlo a hostias, dormir a la intemperie, tirarse de la moto, echarle huevos y poner un chiringuito. Tanta película y tanta película.

En CINEMANÍA

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