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A Crumb se vuelve siempre como se vuelve a Rohmer, a Melville, a un viejo y sabio profesor, al padre muerto o a una ex remaneciente. Porque cualquier excusa es buena para frecuentar cada dos por tres a esos artistas capaces de emitir una reflexión lúcida y diáfana acerca de la condición humana, a los que lo hacen de forma distraída mientras se la cuestionan, la condición; a esos hombres que nos hacen crecer y a esas mujeres que nos achican. Desde sus neurosis y su tendencia al autismo, Robert Crumb lleva toda su vida dibujando tebeos en los que discierne, destila y representa la fascinación que la belleza y la condición femenina ha despertado siempre en él. Lo ha hecho –claro- en base a su propia sexualidad, que él mismo entiende como atípica (“La verdad es que el normal, el sexo rutinario, nunca ha significado mucho para mí.”), y, sobre un fondo de agradecimiento al otro sexo por el mero hecho de existir, ha logrado una obra que es un machihembrado glorioso, una mirada profunda y masculina al milagro estético, ético y neurasténico, al sentimiento sagrado, que la mujer supone para el hombre. Pero basta de prosaísmos. Gotta Have’Em. Portraits of Women by R. Crumb ni siquiera es un libro de historietas sino un bestiario cronológico que empieza con un retrato de Dana, fechado en 1964, y se cierra con uno de Sophie, la hija del autor, realizado en 2002. El resto del volumen es un viaje por mujeres que en algún momento han hecho acto de presencia en el entorno del dibujante, obsesionado por aprehender la vida y el tiempo que las rodeó. En el conjunto hay retratos de trazo tembloroso que acusan la caricia distante dedicada a esa mujer durante unos instantes, en otros casi se puede escuchar la plumilla rasgueando el papel, y hay alguno larguísimo y sosegado, aprovechando el dibujante que la modelo duerme o que está en una foto para modelar los volúmenes con todas esas rayas finas que suele y que tan bien le funcionan. La pulsión sexual -que es la misma que la estética, eso se sabe- es el cimiento del libro, que es un libro vampírico con una presencia física a la altura, agradecido en las manos, con el gramaje exacto, la textura recia y noble, una portada superior y unas guardas rosadas ideales como zaguán. Salió hará como cinco años (cosa de Greybull Press) en una edición limitada a 5.000 ejemplares y en otra de 100, encofrada y con la firma serigrafiada del artista. Salió hace cinco años pero a mí me lo acaban de regalar, y no hay quien lo suelte.

En KISS COMIX #193

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