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A Eli Roth habría que empezar a ponderarlo entre primeras espadas como Alexandre Aja (Alta tensión) o Rob Zombie (La casa de los 1000 cadáveres). Quizás no les alcanza ni en vigor ni en maneras, pero destila sangre por los poros, entiende el cine de miedo con sensatez y afecto y por ahora ya ha conseguido un título que perdurará en la cronología de la serie B. Tiempo al tiempo. Hostel 2 parte de la premisa sencilla que conocíamos: jóvenes en viaje de placer a la vieja Europa caen en las redes de un club de torturas concertadas. Y es a la vez una secuela paralela y un salto de nivel: ahora los verdugos tienen más levadura que las víctimas, los estereotipos cobran matices, la peripecia se feminiza y la violencia operística se apuntala en notas de verosimilitud y humor servidas con mesura de chef. Se incrementa la perversión, se multiplica el sadismo y se desarrolla la broma hasta subvertirla, consiguiendo, desde el orgullo de su calaña, devolvernos esas respuestas emotivas a la violencia que creíamos atrofiadas hace muchos telediarios. Una secuela tan gozosa como saludable.

En CINEMANÍA #142

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