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Lynn Walker tiene la mirada astuta y larga, el cuerpo se le diría exuberante pero es incierto, por pícaro y por variable. Lynn es una no-guapa estimulante y atractiva, con ese algo carnoso que tienen algunas británicas. Lynn, además, ha hecho de la introversión que se le supone un sayo, y junto a su marido Ben, con quien tiene tres hijos, lleva toda la vida documentando la relación sexual de ambos e incluso las fantasías de a tres. Y con buena mano. Este diario erótico (editado por Reuss) se abre con un sentido artículo en el que la chica relata su trayectoria desde que descubrió el sexo con el chico listo del instituto, con su primo, con Ben… hasta la publicación de sus fotos. El resto de las casi doscientas paginas son imágenes en las que podemos disfrutarla con la verga espléndida de Ben licuándose en su boca, pellizcándose los pezones, separándose las nalgas para la cámara, sacudiendo rabos a dos manos, babeando, preñada, con un cuchillo, mojada, vagando por el bosque, orinando, penetrada con furia o suavemente, sucia de semen, masturbándose y hasta vestida. Intercaladas en reproducción facsímil, varias páginas de su diario íntimo nos describen situaciones y momentos de asueto que detallan aspectos de las sesiones o se limitan a narrar impresiones sexuales. Ben limita su protagonismo y nos acaba cayendo estupendamente por eso mismo, por omisión, y Lynn se hace más y más deseable con el paginado, que resulta tan costoso como afanoso. Al final el libro, que en un primer vistazo podía sonarnos a la enésima maniobra para explotar ese interregno entre lo amateur y lo profesional, resulta de lo más goloso para cualquier interesado en la pornografía emocional, aquella que, aun prestando especial atención a lo genital, no descarta la implicación real y profunda de sus protagonistas. Un hallazgo real tanto para erotómanos como para pornófilos.

En KISS COMIX #171

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