easy-riders-raging-bulls.jpg

Lejos de Kracauer o Bazin, ajeno a pedagogías y entendimientos sociológicos amplios, superadas ideas divulgativas y remiso a ensayos creativos o de la abstracción, Peter Biskind, que fuera redactor jefe de Premiere y director de American Film, propone y conquista en este trabajo (fechado en 1998, editado aquí por Anagrama y presentado en forma de documental en el pasado Festival de Cannes) no sólo uno de los mejores retratos generacionales que conoce la literatura sobre cine, sino una de las lecturas más adictivas en esa especialidad. En 1969, el viejo y titánico Hollywood de los estudios ya estaba magullado por las artes de altos magos como John Cassavetes, pero sería el impensable éxito comercial de Easy Rider el azadazo para un surco creativo sobre el que ararían quienes iban a ser las nuevas vacas sagradas del cine norteamericano. Ágil y chafardero, afinado, caudaloso y hasta hiriente en pullas interlineadas, Biskind reordena cientos de entrevistas y establece conexiones para poner sobre el tapete las fases anales (en ocasiones, jamás superadas) de una facción de rebeldes, niños bien y ególatras con genio, que atendían por Scorsese, Coppola, Altman, Bogdanovich, Friedkin, Rafelson, Nichols, Lucas o Spielberg. A lo largo de más de medio millar de páginas asistimos a la génesis de piezas clave como El padrino, Tiburón, Bonnie & Clyde, El exorcista, Chinatown o Toro salvaje, descubriendo en el itinerario la relativa prestidigitación de productores y constatando la ilusión ciega, alimentada por el eco europeo (francés) y por otras sustancias igualmente espirituales, de esa generación que en los setenta lustraría la llamada fábrica de sueños. La de Biskind es la crónica de una conjunción de maniobras entre brillantes y caprichosas, siempre naturales, en realidad, pero ciertamente poco determinables en décadas posteriores.

En ROCKDELUX

Anuncios