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La idea, en principio, era fotografiar a Anne Bernard en relación carnal con su chico. Ambos se veían poco porque la una vivía en Montpellier y el otro en Bruselas. Mil kilómetros. Esa distancia propiciaba que durante los encuentros se diese el apareamiento como por ensalmo, en cualquier parte, a discreción, en aparcamientos, habitaciones de hotel, baños públicos… Mientras, Pierre Radisic iba registrando el asunto con su pequeña cámara de fotos de enfoque automático. La intención de Radisic era retratar los picos de placer en aquella relación de pareja, fragmentando las sexualidades, observando el detalle, pero el azar convirtió el proyecto en algo más. Cuenta Anne que a la hora de comprobar los resultados, Radisic colocó tantos negativos de 24×36 en el ampliador como le fue posible. Hasta seis, que imprimió todos juntos. Ahí vieron que las fotografías dialogaban entre ellas, que las piezas se hacían mosaico, sinestesia o comicidad. O todo a la vez. Aquellas muestras eran de pronto un paisaje relacional con ecos New Age, pero sin dejar de ser pornografía genuina. Pornscapes (editado por Goliath Books) recoge todo ese trabajo en ciento y pico páginas apaisadas donde se exhiben las ganas y el jugueteo de a dos a la vez que se crean evocaciones poéticas, sin que una cosa subyugue a la otra. En Pornscapes hay paisajismo del deseo y también hay gozo: pollas, penetraciones, semen e incluso fluidos en principio innobles como el menstruo o la orina (suavizados, eso sí, por el blanco y negro casi metálico que unifica la obra). Con Pornscapes Pierre Radisic ha conseguido algo que para la pornografía es una ilusión: que el espectador vuelva una y otra vez incluso una vez cumplida su función.

En KISS COMIX #185

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