
Esta mañana, rondando la sección de ultramarinos, he recordado que en una ocasión doblé a Vin Diesel. Fue el colega Nando Salvá, trabajando para Días de cine, quien me pidió que le pusiera voz a tal mariconazo. La remembranza ha tenido algo de anclaje, porque, por azares, llevo lo que va de año sumido en maelstroms y ficciones marinas. Lo empecé leyendo con gusto Benito Cereno, el relato sostenido y maestro de Melville; a continuación devoré los nueve tomos de Maiwai, un manga febril y delirante de Minetarô Mochizuki sobre piratas contemporáneos (atrevidísimo, audaz, cosa fina); anoche estuve viendo Encuentros en el fin del mundo, el documental de Herzog sobre la Antártida, ligero pero minado de apuntes existencialistas, como siempre en Herzog, y ahora buceo a pulmón libre en un libro de crónica titulado Mares sin ley, sobre el caos y la delincuencia en los océanos del mundo. Me lo paso bien.
Hablando de ficción, en su libro Misterio, emoción y riesgo, Fernando Savater escribe que el mar de antes es un poco lo que hoy el espacio interplanetario, y que quien volvía del mar traía siempre algo nuevo que contar, maravilloso o terrible. La aventura sin horizonte me presta mucho más que cualquier otra, supongo que porque el mar es una promesa de insondabilidad y una constatación de insignificancia. Dicen que cuando uno desembarca le tiemblan las piernas y percibe que la tierra firme se balancease, porque se conoce que en el mar está nuestra cuna. “¡Hombre libre, tú siempre amarás la mar!” dejó escrito un poeta afectado, y otro aún más cursi anotó: “El mar, el mar, y no pensar en nada…”
Creo que nunca llegué a ver la emisión televisiva del reportaje sobre Vin Diesel, pero hoy, mientras sostenía un filete de tintorera, me ha sobrevenido ese recuerdo remoto. Una cosa proustiana. No tiene mérito alguno: conozco a un tío que se pasó por la piedra –o se dejó pasar- a Chloe Sevigny, y eso, aunque terrenal del todo, sí que es viril y bonito de contar. Ya en casa, embarazado de realidad, he puesto a descargar Master & Commander, que nunca he visto y que me han dicho que estaba bien.
En CINEMANÍA #162
Marzo 13, 2009 at 12:13 am
Vaya afotaca, Virgen santa! A mí esta tipa siempre me ha puesto del revés desde que la descubrí en Gummo. Me mola un montón hasta en aquella peli marciana donde le come el nabo a su ex en primer plano.
Y cierra los comments aquí también, hombre, que se te va a llenar de pajilleros con granos. Yo ahora tengo la picha al aire, por ejemplo, y no pienso cerrar esta ventana hasta que me corra. Luego no te quejes!
Y la peli de Weir tiene un par de huevos, sí.
Marzo 13, 2009 at 6:43 pm
No preocuparse, Sergio, aquí se puede ir con la picha fuera siempre que no se roce al compañero.
La del Weir es disfrutable, sí, pero muchos huevos no tiene, hombre, si película no hay más allá de la ilustración y la cosa turística. A los diez minutos (la peli no tiene créditos al principio) he sabido que estaba ante una adaptación genérica de Patrick O’Brian. Pero bueno, bien, correcta, sin duda esos mundos son bellos.
Marzo 14, 2009 at 12:55 pm
Cojones tampoco es que les sobren a las novelas del, llamémosle estilista, O’Brian; me da a mí… no sé. El paisajismo y el viento en la cara es lo que tiene: inflama el pecho y encoje la entrepierna. O a lo mejor todo se reduce al nivel de ponzoña acumulada en la vejiga; o a que todo comparado con Melville parece humanista, o humanoide, tampoco sé.
Y que la idea de “Varadero” siempre estuvo bien como disco duro al fresco y opinativo, pero aquí sentimos curiosidad por saber cuánto tardarás en mandar a la mierda a los comentistas, sus comentarios y el chiringo entero de postre. Aunque sería una pena porque heces con grapa como algunas en las que publicas no entran en casa desde hace eones. En fin, que no seas felón y sigas subiendo cosas, coño.
Marzo 17, 2009 at 9:06 pm
Pues mire por donde, al bondadoso Savater le ha dado hoy por seguir con su marítima obsesión:
http://www.elpais.com/articulo/cultura/fauces/mar/elpepucul/20090317elpepicul_3/Tes.
¿Qué tal la película? La vi en su día y no encontré opción al chiste de un mar de aburrimiento.
Por cierto igual no tiene que ver, PERO:
http://www.elboomeran.com/blog/11/vicente-verdu/
Marzo 17, 2009 at 11:47 pm
Aquí seguiremos, Koniec. Dudo siempre del interés de lo que voy pariendo, pero aquí seguiremos, abrasando al personal y a poder ser con fotos de tetas. Yo tampoco compro ya revistas, aunque el otro día robé de una sala de espera un ejemplar de “Feder Pesca” que contiene titulares como “Buscamos el más grande”, “Para el lucio cañas duras” o “Montaje fácil (y efectivo) de efemerópteros”. Me tiene pillao.
Alvy, gracias por los enlaces. Curiosa la conexión entre Melville y las cafeterías que apunta Savater; no tenía ni idea.
Master & Commander, pues lo dicho, un fresco aburridito, pero es que a mí me puede esa iconografía y en la dirección de arte hay que reconocer que la peli se sale. La jugada del Weir para con lo del O’Brian es la misma que luego haría Díaz Yanes para con Pérez-Reverte, sólo que a éste último le salió bien la cosa, más robusta.
Marzo 18, 2009 at 12:19 am
Tetas siempre. Y poco más.
Bueno, y que a mí de Weir siempre me abruma el sonido. Ya sea en el monte, en el aire, en un apartamento, en las calles o en el mar. El cabrón hace cine de orejas en par, y, por ello, la de los barcos pega fuerte.